Visión y Valores

Abordamos todo nuestro trabajo desde el punto de vista de que los ecosistemas, virtualmente en todas partes del mundo, se encuentran al borde de un colapso catastrófico y que son pocos los gobiernos dispuestos a reconocer esta situación. Por ende, la mayoría están mal preparados para enfrentarlo y liderar a sus naciones en consecuencia.

Durante más de 50 años, el movimiento ambientalista internacional junto con la comunidad científica, ha hecho sonar las alarmas ante gobiernos tan indiferentes como la gran mayoría de sus ciudadanos. Sólo recientemente, el tema del cambio climático global empezó a llamar seriamente la atención de la gente. Esta así llamada "verdad incómoda", que ahora une a todos los seres humanos del planeta en una alianza inextricable, podría esperanzadoramente movilizar la energía colectiva necesaria para detener la marcha del planeta hacia la catástrofe, pero la evidencia de tal esfuerzo colectivo no se ha hecho visible todavía.

Entre otros importantes factores y tendencias, creemos que sería prudente sopesar el hecho del inminente fin de la era de los combustibles fósiles y de la provisión de energía barata para una economía mundial en rápida expansión. Además, del "peak oil" (fin del petróleo barato), habría que agregar el agotamiento de otros recursos claves para la economía tecnoindustrial, tales como la tierra de cultivo, el agua dulce, los peces, los minerales, los materiales genéticos, la biodiversidad en sus distintas formas - silvestres y domésticas-, para nombrar apenas algunas de las áreas claves que expresan una tendencia negativa.

Nos preocupa el problema de la continuidad de la "explosión demográfica" y el "consumismo", que agudizan la escasez de los recursos aludidos y las tendencias negativas de la biodiversidad, expresadas en la actual crisis de extinción. Cada una de estas tendencias negativas está alimentada por el dominio de la denominada "economía global" centralizada, que está dirigida por relativamente pocos actores e instituciones económicas que se benefician del hipercrecimiento económico y del uso acelerado de los recursos.

Estas tendencias están operando, y vale la pena consultar el Living Planet Report de 2006, elaborado por la WWF, para comprobar que "la huella humana o las modificaciones del hombre" han superado hace unos 20 años la capacidad de carga de la tierra, y algunos ecosistemas ya han colapsado o están en camino de hacerlo. Estos colapsos y colapsos parciales nos llevarán hacia el quiebre general de las estructuras económicas y sociales de las que hoy dependemos, tales como la industrialización a gran escala, la producción orientada a la exportación, los sistemas de transporte de larga distancia, los grandes sistemas alimentarios industriales, los complejos sistemas urbanos y suburbanos, los sistemas de aerolíneas, el acceso a muchos artículos de consumo básicos para nuestra necesidades actuales, tales como los plásticos, los productos químicos, los pesticidas, la refrigeración, las comunicaciones y demás. El colapso de los ecosistemas llevará a estas sociedades de consumo masivo, basadas en megatecnologías y dependientes del supuesto básico de una oferta cada vez mayor de recursos energéticos de bajo costo, a un derrumbe seguro.

Pocos gobiernos, o incluso organismos gubernamentales regionales, han preparado programas o desarrollado estrategias para enfrentar este dilema arrollador. Una sorprendente mayoría de países del mundo ni siquiera han analizado sistemáticamente la crisis inminente, creyendo, en cambio, que con más tecnologías y políticas comerciales más liberales y más amplias, de alguna manera mágica, las economías se expandirán y encontrarán la salida de los actuales estados de pobreza, de sobrepoblación, de catástrofes sanitarias y de falta de educación de las partes menos desarrolladas del mundo.

Es nuestra opinión que la economía global, y todo lo que ésta implica, no nos está conduciendo a la tierra prometida ni a una sociedad futura verde y equitativa, sino al colapso ambiental global. En su mayoría, los gobiernos parecen desconocer estas tendencias y hacen una lectura errada de los efectos del desarrollo tal y como funciona y es definido actualmente.

Por estas razones, realistas como nos vemos -o pesimistas según la percepción de los que creen en el dogma de la teoría de la economía global centralizada-, formulamos nuestros programas y estrategias teniendo siempre presentes estos principios básicos. Nuestra esperanza, si es que podemos definirla así, es contribuir a promover la ética de una tierra saludable; elevar los estándares del manejo de las áreas protegidas y crear parques nacionales o provinciales mediante compras directas, recategorización o expansión de los existentes, de tal manera que el desarrollo de los procesos naturales pueda seguir funcionando. De esta forma, podemos mantener vivas y saludables algunas partes del territorio en el que operamos, para que estas áreas permanezcan como semilla y lecho genético para revivir el ecosistema en las postrimerías de un posible colapso.