Parque Pumalín

En 1991 Doug Tompkins compró una gran superficie de tierra semiabandonada en el Valle Reñihué de la provincia chilena de Palena. La idea de Tompkins, un montañista y conservacionista que había visitado la Patagonia desde comienzos de la década de los ’60, era proteger de toda explotación esta extensión de 16.800 hectáreas, cuya mayor parte era bosque antiguo. Después de establecerse en forma permanente en Reñihué, Tompkins comenzó a ampliar las tierras de conservación en el área adquiriendo otras propiedades a personas dispuestas a vender. En último término, prácticamente un 98 por ciento de la superficie de parques fue comprada a propietarios ausentes.

 
 
 

En lo sucesivo, Conservation Land Trust, una fundación sin fines de lucro financiada y dirigida por Tompkins, sumó aproximadamente 280.000 hectáreas en parcelas casi contiguas para formar el Parque Pumalín, declarado Santuario Natural el 19 de agosto de 2005 por el entonces presidente Ricardo Lagos Escobar. Esta nominación especial del gobierno chileno le otorga protección adicional a la tierra para asegurar sus valores ecológicos y para evitar su explotación. Más tarde, Conservation Land Trust donó las tierras protegidas a Fundación Pumalín, una organización no gubernamental chilena, para su administración y preservación como parque privado de acceso público, administrado de forma semejante a un parque nacional pero bajo una iniciativa privada.

 
 
 

Mientras que la filantropía relacionada con la naturaleza cuenta con una larga tradición en los Estados Unidos, la adquisición por particulares de tierras a gran escala para convertirlas en parques era desconocida en Chile, y en un comienzo generó escepticismo y oposición política. A través de los años en que se ha desarrollado el proyecto creció la confianza, tanto a nivel local como nacional, a medida que en el Parque Pumalín la infraestructura de acceso público de senderos, campings, centros de información, cafés y cabañas empezó a ofrecer servicios a miles de visitantes por año.

Varias pequeñas granjas ubicadas estratégicamente alrededor del santuario de la naturaleza, contribuyen a la custodia del parque. Con actividades tales como la crianza de animales, la elaboración de quesos, el ecoturismo, artesanias en lana y la producción de miel, estas granjas orgánicas funcionan simultáneamente como estaciones de guardaparque de facto y centros de información al visitante. De esta manera se logran ambos la conservación, así como una contribución a la economía local. El proyecto trabaja activamente para incluir a vecinos del parque, para crear una valoración cultural amplia de lo silvestre y de la conservación de la biodiversidad, y para demostrar cómo una economía agraria, cuidadosamente ajustada a las condiciones locales, puede sustentar la biodiversidad al mismo tiempo que crea oportunidades económicas.

 
 
 

A pesar que la diversidad de la fauna de Chile es relativamente baja si se la compara con la mayoría de los países sudamericanos, su flora es muy rica, especialmente en especies endémicas y subespecies únicas. El bosque siempreverde de hoja ancha, conocido en Chile como bosque templado lluvioso valdiviano, cuenta con miles de especies de plantas. Las precipitaciones pluviales anuales en los bosques costeros del Parque Pumalín superan los 5.969 mm. Estos bosques originarios, excepcionalmente húmedos, llegan hasta el océano, algo que es cada vez más infrecuente en el mundo. Por sobre los verdes y exuberantes bosques se asoman las cumbres nevadas de los Andes, y se conforma así uno de los bordes costeros más espectaculares del planeta, un paisaje de extraordinaria grandeza y pristinidad.

 
 
 

Este paisaje, tal como está preservado en el Parque Pumalín, ofrece a visitantes chilenos y de todo el mundo la oportunidad de experimentar la naturaleza salvaje y de desarrollar una apreciación elevada de la belleza silvestre, lo cual, es de esperar, los inspirará a valorar y proteger el mundo natural en sus vidas cotidianas, una vez que vuelven a sus hogares. Más aún, como ejemplo de filantropía de areas silvestres en gran escala—un lugar donde la generosidad privada apoya valores públicos—el Parque Pumalín se constituye en un modelo para otras iniciativas de conservación privadas, grandes o pequeñas.

 
 
 

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