Conflictos

Intereses Locales e Historia de la Conservación

Por George Wuerthner

Intereses Locales e Historia de la Conservación por George Wuerthner ¿Qué tienen en común el parque nacional Grand Teton, el parque nacional Yellowstone, el parque nacional Glacier, el parque nacional Grand Canyon, y el monumento nacional Grand Staircase-Escalante?

Además de su denominación común como parques y monumentos nacionales, la gente local estuvo inicialmente en contra de todas estas áreas de conservación. Tras la creación del parque nacional Yellowstone en 1872, el periódico Helena Gazette opinó: "Consideramos que la aprobación del edicto es un gran golpe contra la prosperidad de los poblados de Bozeman y Ciudad Virginia". Los diputados de Montana se opusieron tanto a la creación del parque que presentaron proyectos de ley en todas las sesiones durante veinte años para cancelar la creación del parque. Cuando estas iniciativas para su liquidación fracasaron, intentaron otros mecanismos para eliminarlo, incluido el intento de escindir la parte norte del parque para que allí se pudiera construir un ferrocarril. A fin de justificar la remoción de esta área del parque, un representante de Montana caracterizó al Valle Lamar como "una comarca carente por completo de atracción", y por eso no merecedora de protección como parque. Otros propusieron embalsar el río Yellowstone justo debajo del lago Yellowstone para la generación de energía hidroeléctrica. Esto también fue evitado, aunque sólo debido a la intervención de los temidos "intrusos" del este de Estados Unidos.

Cuando en 1908 el presidente Teddy Roosevelt estableció al Gran Cañón como monumento nacional, la delegación del Congreso de Arizona bloqueó con éxito toda financiación federal para el funcionamiento de ese parque e intentó sin éxito desafiar legalmente la denominación de Roosevelt como monumento.

En 1910, cuando se creó el parque nacional Glacier, la Cámara de Comercio de Kalispell dejó constancia de su oposición a esa denominación, pues temía que el parque inhibiera las operaciones extractoras de petróleo, gas y maderas. Los ciudadanos locales presentaron una petición al gobierno federal en 1914 para desmantelar el parque, argumentando que:"Es más importante proporcionar hogares a la gente carente de tierras que trancar las tierras para que los hombres ricos las usen cómo un campo de juegos que ningún otro podrá usar jamás."

En 1943, cuando Franklin Roosevelt declaró cómo monumento nacional 210,000 acres en la cordillera Tetons, pobladores de Wyoming predijeron que Jackson se convertiría en un "pueblo fantasma". En efecto, los representantes de Wyoming presentaron legislación para descalificar el parque. En Jackson viven ahora más de 16,000 "fantasmas".

Incluso la creación de nuestro sistema nacional forestal fue ampliamente cuestionada por intereses de la región occidental aplicados a hacer que esas tierras estuviesen disponibles para el desarrollo y la explotación sin límites. En 1907, el senador Fulton de Oregón añadió una enmienda al Acta de Apropiación Agrícola para impedir que el presidente Teddy Roosevelt creara parques nacionales adicionales en seis estados norteños. Roosevelt, sabiendo que no podría vetar una legislación tan importante, convirtió el Acta en ley, no sin crear antes mediante un decreto presidencial otros 16 millones de acres de parques nacionales. Hoy, la mayoría de los residentes de California, Montana, Idaho, Oregón y Washington agradecen que los intereses locales no prevalecieran y que Roosevelt preservara esas tierras como parques nacionales.

En 1980, cuando el presidente Jimmy Carter firmó como ley el Acta de las Tierras de Alaska (ANILCA - Alaska National Interest Lands Conservation Act) fue intensamente cuestionado por la delegación entera de Alaska que, como todos los previos fomentadores del Oeste, predijeron la quiebra y la ruina de la economía local si se protegía a esas tierras de la explotación. Tan estridente fue la oposición local que los residentes de Fairbanks quemaron a Carter en efigie como protesta por la creación del parque. Los pueblos de Eagle y Glennallen proclamaron a la par su oposición a los parques y hasta ofrecieron amparo frente a las autoridades federales a quien deseara violar las nuevas regulaciones forestales. Impertérrito, Carter convirtió el ANILCA en ley apartando más de cien millones de acres de tierras federales para convertirlas en nuevos parques, refugios de vida silvestre, ríos paisajísticos y salvajes, y áreas no cultivables. Entre otras cosas, el ANILCA estableció 10 nuevos parques nacionales, incluyendo Portales del Ártico, lago Clark y Wrangell-St Elias, y expandió otros tres parques existentes (Glacier Bay, Katmai, y Denali). La mayoría de los norteamericanos y hasta muchos en Alaska celebran ahora estos parques y otras tierras protegidas como joyas de la corona de nuestro sistema de parques nacionales.

Ellos dicen que la historia se repite cuando la gente no aprende del pasado, y por cierto éste parece ser el caso una vez más como se ha visto recientemente en el reciente revés sobre el NREPA (Northern Rockies Ecosystem Protection Act). Max Baucus, senador de Montana, fue citado cómo diciendo: "La gente de Montana no ve con buenos ojos a personas de la costa Este que nos dicen cómo manejar nuestras tierras". (Caramba, Max, se trata de tierras federales propiedad de todos los ciudadanos estadounidenses.) A pesar del mensaje implícito de Baucus sobre que una vez más los "intrusos" de la costa Este estaban imponiendo algo a los pobres occidentales, él omitió convenientemente el hecho de que el NREPA fue creado por conservacionistas de la región y que su promotora principal, la Alliance for Wild Rockies, es una grupo con base en Montana. Barbara Cubin, representante parlamentaria de Wyoming definió al NREPA cómo "un ataque de 147 páginas a nuestro estilo occidental de vida". Se quejó de que el control y la intervención local iban a disolverse. El control local, por supuesto, significa explotación de fuentes de recursos públicos para los lucros privados.

Un congresal de Montana, Denny Rehberg, se opuso al NREPA porque lo consideraba una medida de "arriba hacia abajo" en vez de ser una propuesta generada localmente. Rehberg favorece en Montana abordajes locales "cooperativos" como el Blackfoot Challenge y la Sociedad Beaverhead-Deerlodge Partnership como el modo apropiado para designar las tierras silvestres. Por supuesto, Rehberg está enamorado de las "asociaciones", las "cooperaciones" y otras denominaciones locales de ese tipo que hacen concesiones dado que usualmente terminan promoviendo la continuidad de la tala, el uso de vehículos pesados no convencionales (ORV off-road vehicles) y la minería en la mayoría de las tierras públicas y, en última instancia, la reducción de la protección de la tierra ante la explotación, en vez de la escala paisajística y de propuestas de orientación ecológica como el NREPA. Gente como Rehberg y otros partidarios de ese tipo de abordajes de colaboración o de hacer concesiones en la protección de las tierras nunca reconocen que el punto de partida para el compromiso ya fue aprobado hace décadas. La vasta mayoría de los Estados Unidos ya está comprometida con los usos industriales, y ahora estamos luchando por los últimos pequeños recortes de tierras vírgenes.

La historia de la conservación ha demostrado repetidas veces que invariablemente las generaciones futuras no se quejarán porque protegimos muchas tierras; más bien se interrogarán por qué protegimos tan pocas. Lo que queda claro en cualquier revisión de la historia de la conservación es que en casi todos los casos hasta la gente local llega a valorizar la designación de tierras preservadas después del hecho consumado. Si se le preguntara a la Cámara de Comercio de Kalispell qué es lo más distintivo y valioso sobre la localidad de Kalispell, ellos dirían que es la gran proximidad con el parque nacional Glacier. Y cuando Newt Gingrich y su mayoría republicana inhabilitaron al gobierno federal en 1995, Arizona se ofreció voluntariamente pagar los salarios de los guardaparques a fin de que el parque nacional del Gran Cañón pudiera permanecer abierto. Y aunque los residentes de la península Olympic de Washington se opusieron al establecimiento del parque nacional Olympic y trataron persistentemente de abrir los bosques del parque a la industria maderera, hoy la mayoría de los residentes de la península Olympic se dan cuenta de que los árboles del parque son más valiosos erguidos en el bosque que si hubieran sido triturados por las motosierras.

La moraleja que extraigo de una amplia lectura de la historia de la conservación es que es previsible una oposición local. Tratar de ajustarse a los atrincherados intereses locales invariablemente debilita las medidas de protección y típicamente reduce la efectividad de los esfuerzos de conservación. Imaginen qué habríamos conseguido si los activistas por los derechos civiles hubieran tratado de accionar con los racistas sureños para elaborar trabajosamente un acuerdo "de colaboración" sobre derechos civiles. Con suerte, podrían haber obtenido modestas mejoras como el permitir que los afroamericanos se sentaran en cualquier lugar de los ómnibus, pero es dudoso que hubiéramos alcanzado los arrolladores cambios creados por la promulgación del Acta de Derechos Civiles de 1964, tales como el fin de la discriminación en los empleos así como la segregación en las escuelas y otros espacios públicos.

Como ciudadanos y conservacionistas deberíamos aprender estas lecciones de la historia y mirar más allá de los intereses regionales a fin de abogar por lo que constituye a largo plazo el mejor interés de la nación y lo que mejor preserva nuestra colectiva herencia natural. Podría ser que no consigamos lo que preconizamos, pero en la conservación, así cómo en los derechos civiles, debemos bregar por lo que en última instancia es mejor para la tierra y para la nación, no apenas lo que es políticamente aceptable ahora.

El 1935, al fundar la Wilderness Society (Sociedad pro Vida Silvestre), Bob Marshall escribió: "No queremos rezagados. Porque en el pasado se perdió mucho buen terreno virgen a causa de aquellos cuyo primer instinto fue admitir concesiones". Éste es un consejo que deberían recordar muchos en el movimiento de conservación del Oeste cuando tratan de trabajar con los "intereses locales" para proteger las tierras vírgenes.